La Argentina de Macri: de la democracia a la “democradura”

La Argentina de Macri: de la democracia a la “democradura”

Por Atilio A. Boron

Varios datos hablan de la gravedad de la involución democrática de la Argentina.

a) Lo de Milagro Sala, presa casi dos años sin condena por un poder judicial manejado a voluntad por el gobernador de Jujuy con la complicidad de la Casa Rosada, responsable de cumplir con las recomendaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

b) Lo de Santiago Maldonado, primer desaparecido por fuerzas de seguridad del Estado en democracia, Un caso flagrante de “desaparición forzada” que no contó con la voluntad del Ejecutivo ni de la Justicia para esclarecer el caso, identificar a los responsables y condenarlos con todo el rigor de la ley.

c) El “apriete” contra los pocos medios independientes que van sobreviviendo en la Argentina. La escandalosa manipulación de la pauta de la publicidad oficial que está debilitando a medios como Página/12. Los “pseudorepublicanos” que antes se quejaban de la “manipulación” de la pauta oficial durante el kirchnerismo ahora callan escandalosamente ante un agravamiento sin precedentes de esa práctica, complementada con el apartamiento de Roberto Navarro de C5N y Radio 10 y las amenazas que se ciernen sobre lo poco que queda de periodismo de verdad independiente (porque el de los medios concentrados no lo es en absoluto, ya que son simples agentes de propaganda de la clase dominante encaramada en el poder del Estado). A eso, súmesele la marginación de Telesur de la grilla de los canales de cable. Muy pocas veces en la Argentina se vivió tal grado de unaniminidad en el sistema mediático de este país, rasgo este que es totalmente incompatible con la democracia.

d) El acuerdo espurio con la burocracia sindical, llegando hasta el infinito su vocación de privilegiar sus negocios con las “obras sociales” y los dineros del Estado por encima de los derechos y las condiciones de vida de los trabajadores. Y de la mano de esto la creciente tendencia a criminalizar la protesta social, la aparición de “infiltrados” en pacíficas manifestaciones opositoras.

Por supuesto, Macri no es la dictadura, como dicen algunos, pero en algunas áreas de la gestión gubernamental se le está pareciendo cada vez más. Cuesta mucho diferenciar al actual proyecto económico (en caso de que lo existiera, cosa que algunos economistas neoliberales ponen en duda) del que instaurara José Alfredo Martínez de Hoz (ministro de Economía de la dictadura cívico-militar). Hay algunos matices, pero son más los elementos en común: masivo endeudamiento externo, apertura indiscriminada, desindustrialización, pobreza, desempleo, desinversión en ciencia, tecnología y educación superior y abandono de cualquier pretensión de autodeterminación nacional. Por eso, repito, NO es la dictadura pero a medida que pasa el tiempo la involución autoritaria, la desdemocratización y la sumisión colonial va acercando cada vez más al gobierno de Macri a la nefasta dictadura cívico-militar de los setentas. Por de pronto, hoy ya es claramente una DEMOCRADURA.